ASTOR PIAZZOLLA – 20 años

Este año marca el vigésimo aniversario de la muerte del compositor, bandoneonista, director de conjuntos y musicólogo Astor Piazzolla. El 4 de agosto de 1990, el artista sufrió en París una trombosis cerebral que decidió su destino. Al cabo de dos años de sufrimiento a causa de la enfermedad, falleció en Buenos Aires, el 4 de julio de 1992, a los 71 años, dejando tras de sí un legado que le sobrevivirá por siempre.

Su obra, compuesta por más de mil temas caracterizados por la originalidad distintiva de su creación y su naturaleza indiscutiblemente argentina, ha ejercido una enorme influencia sobre los géneros, compositores e intérpretes más variados y disímiles del mundo, desde el violinista Gidon Kremer, el chelista Yo-Yo-Ma, los pianistas Emanuel Ax y Arthur Moreira Lima, el guitarrista y compositor Al Di Meola y el Cuarteto Kronos, hasta las más prestigiosas agrupaciones sinfónicas y de cámara.

Aquel hombre magnífico quien recibió en 1929 su primer bandoneón de manos de su padre, comprado en una casa de empeño, demostró siempre un espíritu musical avanzado. Prueba de ello es que en los años 40, cuando trabajaba como arreglista y músico en la orquesta de Aníbal Carmelo Troilo, el mítico maestro argentino, al ver que los arreglos eran demasiado avanzados para la época, decidió modificarlos para que no “espantaran” a los bailadores de tango.

Un espíritu renovador y revolucionario que lo distinguió hasta el final. Cuando en los años 50 y 60 los tangueros conservadores y ortodoxos calificaron peyorativamente su estilo, llamándolo “el asesino del tango”, Piazzolla les respondió drásticamente con una definición que aun hoy perdura: “Es música contemporánea de Buenos Aires”. Un concepto que aclaró consistentemente en la revista Antena(1954): “Sí, es cierto, soy un enemigo del tango; pero del tango como ellos lo entienden. Ellos siguen creyendo en el compadrito, yo no. Creen en el farolito, yo no. Si todo ha cambiado, también debe cambiar la música de Buenos Aires. Somos muchos los que queremos cambiar el tango, pero estos señores que me atacan no lo entienden ni lo van a entender jamás. Yo voy a seguir adelante, a pesar de ellos”.

Y siguió adelante, llevando el tango y su entorno mágico a escalas impensables, tanto en los numerosos quintetos, octetos, nonetos y orquestas que fundó, como en su creación de partituras y registros discográficos en calidad de solista, junto a figuras prestigiosas como Roberto Goyeneche, Amelita Baltar, Gary Burton y el Cuarteto Kronos, además de sus presentaciones inolvidables en el Teatro Colón, en Suiza, en Japón, en Austria, entre otros; y, por si fuera poco, en las piezas que inspiraron bandas sonoras como El infierno tan temido (Raúl de la Torre, 1980), Enrique IV (Marco Bellocchio, 1984), y Doce monos (Terry Gilliam, 1994).•

MI TRIBUTO

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