Los niños momia de Llullaillaco – Salta – Argentina

Es la sexta montaña más alta de América. Es considerado el cuarto volcán más elevado del planeta.

El Niño, La Niña Rayo y La Doncella

Hace más de 500 años, los antiguos incas eligieron a tres niños de seis, siete y quince años, entre varios niños, posiblemente por su belleza, nobleza o algún otro atributo. Los ataviaron con prendan lujosas y adornos, y los llevaron a lo alto de una montaña, posiblemente asociada con el reino del Sol, a unos 6730 metros sobre el nivel del mar, en la actual provincia de Salta (Argentina). Cavaron un gran pozo, dejaron allí a los niños, como ofrendas al dios Sol, junto a objetos como cerámicas, estatuillas, adornos, además de comida como carne seca. Posiblemente, habrían muerto debido a las inclemencias climáticas, por congelamiento, pero para los Incas, era el comienzo de una nueva vida junto a sus antepasados.

En 1999, un grupo de investigadores argentinos, norteamericanos y peruanos encontraron a estos niños que estuvieron “durmiendo” por más de quinientos años en la cumbre del volcán Llullaillaco. También encontraron a 146 objetos que los acompañaba como cerámicas, textiles. Bautizaron a estos niños como “La niña del rayo”, “El niño” y “La doncella”.
Como sus cuerpos no presentan indicios de haber muerto por alguna práctica violenta, se piensa que les habrían suministrado alguna sustancia que les habría provocado adormecimiento, tal vez chicha, bebida alcohólica hecha a partir de la fermentación del maíz. Con el paso del tiempo, el frío congeló estos cuerpos, y como el frío es un agente de conservación, llegaron hasta nuestros días en perfecto estado de conservación, incluso con restos de sus órganos internos.

Estos lugares usados por los Incas para sus sacrificios ofrecidos a sus dioses son conocidos como Santuarios de altura. Los motivos de tales ritos eran obtener favores de las deidades como salud, buena cosecha o agradecer la fertilidad de la tierra, la prosperidad, etc.
Este hallazgo es único por la conservación de los restos ya que permiten a los investigadores conocer detalles importantes del pasado tanto en cuestiones biológicas (patologías, grupos sanguíneos del pasado) como culturales (tipos de ritos, tecnología de objetos, etc.). Se ha creado en la ciudad de Salta (Argentina) un museo denominado Museo de Arqueología de Alta Montaña o MAAM, que puede ser visitado a partir de noviembre de 2004. En él se encuentran exhibidos la mayoría de los objetos pero aún no las momias.

La Niña del Rayo
Esta niña tenía un poco más de seis años. Estaba sentada con las piernas flexionadas, las manos semiabiertas apoyadas sobre los muslos y su rostro en alto apuntando hacia el Oeste-Suroeste.
Luego de su entierro, en algún momento de los últimos siglos la elevada temperatura de una descarga eléctrica quemó parte de su rostro, cuello, hombros y brazos, como asimismo sus prendas y parte del ajuar que la acompañaba.
Lleva puesto un vestido o acsu de color marrón claro ajustado en la cintura por una faja multicolor. Sobre sus hombros la cubre un manto o lliclla de color marrón sostenida por un prendedor o tupu de plata colocado a la altura del pecho.
La cabeza y parte del cuerpo estaba cubierta por una gruesa manta de lana oscura, y todo el cuerpo estaba envuelto en otra manta de color claro con bordados rojos y amarillos en su perímetro.
Su cabello lacio está peinado con dos trenzas pequeñas que salen de la frente, y lleva como adorno una placa de metal. Sus ojos están cerrados y la boca semi abierta, pudiéndose observar la dentadura. Como sinónimo de belleza y jerarquía, su cráneo fue intencionalmente modificado, teniendo una forma cónica.

La Doncella
Esta joven mujer tenía unos quince años de edad. Estaba sentada con las piernas flexionadas y cruzadas, sus brazos apoyados sobre el vientre y su rostro mirando en dirección opuesta a la niña del rayo.
Tiene un vestido o acsu de color marrón claro ajustado en la cintura por una faja con dibujos geométricos que combinan colores claros y oscuros con los bordes rojos. Sobre sus hombros lleva un manto o lliclla de color gris con guardas rojas, sostenida por un prendedor o tupu de plata a la altura del tórax. En su pecho, cerca del hombro derecho, tiene un conjunto de adornos colgantes de hueso y metal.
Su largo cabello está peinado con pequeñas trenzas, como era costumbre en algunos poblados de los Andes. Los peinados y adornos en la cabeza servían para identificar a las personas cultural y geográficamente.
Su rostro fue pintado con un pigmento rojo, y arriba de la boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca.
Posiblemente esta joven haya sido una aclla o “virgen del Sol” educada en la “Casa de las Escogidas” o aclla huasi, un lugar privilegiado para las mujeres en el tiempo de los Incas.

El Niño
Tenía siete años de edad. Estaba sentado sobre una túnica gris con las piernas flexionadas y su rostro -en dirección al sol naciente- apoyado sobre las rodillas.
Un manto de color marrón y rojo cubría su cabeza y mitad del cuerpo.
Como todos los hombres de la elite incaica llevaba cabello corto y un adorno de plumas blancas, sostenido por una honda de lana enrollada alrededor de la cabeza.
Está vestido con una prenda de color rojo; tiene en sus pies mocasines de cuero de color claro con apliques de lana marrón; posee tobilleras de piel de animal con pelaje blanco y en su muñeca derecha lleva puesto un brazalete de plata.
Sus puños están cerrados; el rostro no es visible y sus párpados están semi cerrados. Posee una ligera deformación del cráneo que sugiere su origen noble.
Como parte de su ajuar se encontraban cuatro grupos de objetos en miniatura representando caravanas de llamas conducidas por hombres con finas vestimentas, representando esto una de las principales actividades masculinas.
Las hondas eran usadas por los hombres con fines rituales; con ellas lanzaban piedras a las lagunas después de la estación seca para atraer a las lluvias.

LOS NIÑOS DEL VOLCÁN LLULLAILLACO
Un importante hito en la Arqueología de Alta Montaña

Lic. Christian Vitry

Fueron sacrificados u ofrendados a 6.730 metros de altura, en la cumbre del legendario volcán Llullaillaco, sus tumbas, son las más altas que el hombre jamás haya construido en el planeta. Estos niños-dioses que en su calidad de huacas o posibles mensajeros de los dioses, son los seres humanos que estuvieron más próximos a la refulgente divinidad de los Incas, el Sol.
Los “niños del Llullaillaco” causaron el asombro de todo el mundo, atónitas miradas contemplaron a través de las fotografías difundidas en el mes de abril de 1999 por la prensa, el rostro de ese niño sumergido en un sueño de cinco siglos. Todavía a muchas personas les cuesta creer y se preguntan si las “momias” son de verdad.
“Sembrar muertos para cosechar vivos” decían los Incas, pero ¿cuál será la verdadera interpretación de estos rituales religiosos donde se sacrificaban seres humanos?

¿Las momias del Llullaillaco son únicas en la provincia de Salta?
Sobre este tema es necesario aclarar que Salta es la provincia argentina que posee la mayor cantidad de momias (mejor dicho cuerpos congelados) rescatadas de las altas cumbres, sumando un total de seis cuerpos sobre ocho existentes en el país.
El primer hallazgo de momias de altura se produjo en 1905, sobre la cima del nevado de Chañi a 5.900 metros de altura (límite entre Salta y Jujuy). Ocurrió durante una expedición dirigida por el Teniente Coronel E. Pérez, que rescataran de la cumbre el cuerpo momificado de una criatura de unos cinco años de edad, envuelta en varias mantas de vivos colores y algunos objetos de madera y cerámica que formaban parte del ajuar funerario. Esta momia fue donada en ese momento al Museo Etnográfico de Buenos Aires, en cuyo depósito permanece hasta la actualidad.
Entre 1920 y 1922, de las altas serranías cafayateñas, al sur de la provincia de Salta, se extrajo de una de las cumbres del cerro Chuscha (5.100 metros), el cuerpo momificado de una niña con un rico ajuar funerario. Esta momia -llamada entonces la Momia de los Quilmes- por el profesor Amadeo Sirolli, tras haber estado varias décadas “desaparecida”, reapareció en un museo privado de la localidad de Martínez en la provincia de Buenos Aires, donde es exhibida en la actualidad.

En 1974 a escasos metros de la cima del volcán Quehuar, sobre los 6.100 metros de altura y en el interior de una gran estructura, el Director del Centro de Investigaciones Arqueológicas de Alta Montaña de San Juan (CIADAM), Antonio Beorchia Nigris descubre el cuerpo momificado de un niño, el cual intenta recuperar del duro y congelado suelo sin tener éxito. Años después saqueadores y buscadores de tesoros dinamitaron el sitio y destruyeron gran parte del cuerpo momificado. En 1999, la expedición dirigida por el doctor Johan Reinhard de EEUU, el arqueólogo peruano José Antonio Chávez, y la arqueóloga argentina María Constanza Ceruti, quienes junto a un equipo de estudiantes de arqueología peruanos y argentinos rescataron parte del cuerpo que había sido profanado violentamente. El mismo está siendo conservado en un freezer para futuras investigaciones.
Finalmente en 1999 el equipo del Dr. Johan Reinhard, co-dirigido por la Lic. María C. Ceruti, ubicó y rescató de la cima del volcán Llullaillaco, a 6.730 metros de altura, tres cuerpos de niños congelados con un hermoso y rico ajuar funerario que no había sido profanado. El excelente estado de conservación de los mismos indica que estas son las más importantes en este sentido, los estudios que se realizarán arrojarán mucha y valiosa información sobre nuestros antepasados americanos.

¿Por qué y cómo fueron sacrificados los niños?
“…decía la muchacha acaben ya conmigo que para fiiestas (sic) bastan las que en el Cuzco me hicieron; lleváronla a un alto cerro, remate de las tierras del Inga, y hecho el depósito la bajaron a él y emparedaron viva”. (Hernández Príncipe, 1601).
La precedente cita de Hernández Príncipe, un sacerdote extirpador de idolatrías de la época de la colonia, es bastante ilustrativa y está referida a la historia de Tanta Carhua, una joven aclla (elegida, virgen del Sol, mujeres especialmente preparadas para casarse con el Inca o cumplir otros roles sociales jerárquicos del sistema político imperial, incluido el de ser ofrendadas en honor al Sol-Inca) que fue sacrificada (enterrada viva) en lo alto de una montaña con motivo de la fiesta de la Capacoha o fiesta de los sacrificados, la cual se celebraba en el Cuzco durante la conmemoración estatal incaica en honor al sol, o sea el Inti Raymi.
No sabemos si los niños del Llullaillaco fueron sacrificados en este contexto, pero los relatos nos acercan bastante a una posible analogía o interpretación. Se sabe a través de la Historia Comparada de las Religiones, que las personas sacrificadas eran seres “elegidos” como ofrendas para el mundo de los dioses, o bien como mensajeros para el “Más Allá”, de allí que estén munidos de alimentos calzados y prendas para el “viaje celestial” (Schobinger, 1998).

Veamos entonces cómo era la ceremonia de la capacocha o capac-hucha. Las acclla-capacochas viajaban centenares de kilómetros con destino al Cuzco y representaban a cada una de los cuatro suyus o “provincias” que conformaban el Tahuantinsuyu. Transitaban por los sólidos caminos construidos por el vasto imperio, acompañadas de las huacas (ídolos o dioses adorados) más importantes de su tierra natal, integraban además la cohorte los curacas y representantes más notables (políticos y religiosos) de las provincias conquistadas. Una vez en el Cuzco, las acllas adoraban al Sol, al Rayo y las momias de la dinastía real que eran los principales dioses. Algunas acllas eran sacrificadas allí en honor al Sol, el resto, una vez concluidos los rituales políticos-religiosos, emprendían la retirada rumbo a su lugar de origen, donde finalmente, y en el marco de una gran celebración regional, sus vidas eran cedidas al astro rey.

Tanta Carhua, vestida como una reina ascendió junto a su séquito hasta lo alto de la montaña, allí la esperaba su última morada. Fue adormecida con una bebida especial para la ocasión -tal vez con alcohol de chicha con otra sustancia- y depositada en su gélido mausoleo de roca junto a un suntuoso ajuar. Una vez sellado el sepulcro y realizados todos los rituales cuzqueños, los participantes de esta trascendental ceremonia descendían hasta sus respectivos lugares de origen. Caque Poma, el padre de Tanta Carhua, por haber concedido su única y pequeña hija al Sol fue agraciado por el Inga, y por ello ascendido a una mayor jerarquía, papel que era extensivo para su gente y descendientes futuros. Por su parte, Tanta Carhua, en su elevado y gélido santuario se deificó, transformándose en una huaca digna de veneración y sublime respeto, que protegía y custodiaba a toda la provincia y su vulgo.
Desde ese momento la montaña ya no fue la misma de antes, se sacralizó, quedó impregnada de un gran significado religioso, social y político, sus fuerzas se magnificaron y los beneficios redundaron en toda la población que la tenía como huaca.

¿Por qué en la cumbre de una montaña?

Las montañas fueron y son veneradas por muchas culturas en el mundo entero. Breve y vulgarmente podemos decir que se está más cerca del cielo, donde por lo general es la morada de los dioses. Pero profundicemos un poco sobre este tema, nuevamente teniendo en cuenta la Historia Comparada de las Religiones. Los hombres, independientemente del lugar geográfico, organizan su espacio, lo consagran, lo cargan de significado. Elementos naturales, acorde a las necesidades del momento, cobran mayor o menor relevancia, se crea una distinción entre lugares comunes, “profanos”, diarios; y lugares “sagrados”, únicos, mágicos, de uso ocasional-especial. Entonces apreciamos que un objeto sufre una transformación sin dejar de ser él mismo ya que continúa interactuando en la naturaleza (Elíade, 1994).

Una montaña -como el ejemplo de Tanta Carhua o el mismo Llullaillaco- se sacraliza y sigue siendo una montaña, nada aparentemente la diferencia de las demás. Pero, para quienes la sacralizaron, su realidad de montaña se transmuta en realidad sobrenatural, dejando de ser lo que era y cobrando un simbolismo particular. Ya no está en el caos del universo, está marcando un punto fijo, un lugar en el espacio. Esta creación social del espacio es una constante en las diferentes culturas, quienes crean y recrean el “Centro del Mundo”, traspolando y reproduciendo este modelo o imagen de mundo ideal en diferentes escalas y lugares.
En esta organización o recreación del centro del mundo existen elementos que vinculan lo celestial con lo terrenal, “lo sagrado con lo profano” (Elíade, op. cit.). Uno de estos elementos es justamente la montaña, tratándose de un fenómeno mas generalizado de lo que se suele pensar, ya que casi todas las regiones montañosas del mundo, poseen picos sagrados que son venerados a través del tiempo.

La idea generalizada parece ser que, señalan el punto mas alto del mundo (el mundo de cada cultura, el centro del mundo); en ese punto elevado se está mas cerca de los elementos adorados (sol, luna, rayos, arco iris, nubes, etc..); desde allí se tiene otra visión y perspectiva, impensada para la gente del llano. Ascender, significa trasladarse a otro nivel, estar en otro plano (no solo geográfico, sino también simbólico), penetrar en una especie de “región pura” o “sagrada” que trasciende al mundo profano. Estos lugares se transforman en “santuarios” o “puertas de los cielos”, lugares de tránsito entre el cielo y la tierra, donde el espacio y el tiempo se sacralizan.

En su calidad de posibles mensajeros de los dioses, estos niños sacrificados en una de las cumbres más elevadas de los Andes, se encuentran en el punto ideal de partida para el encuentro con los dioses.
El culto a las montañas fue denominado “El fundamento principal de la cultura andina”, al proporcionar una unidad cultural subyacente a los pueblos andinos (Bastien 1978). Su antigüedad es obvia, ya que los rasgos básicos del culto a las montañas se han encontrado a través de todos los Andes, fue señalado en las fuentes históricas más tempranas y en las leyendas, está basado en sólidas observaciones ecológicas y se ha mantenido hasta el día de hoy con muy pocos cambios a pesar del proselitismo Cristiano.
Los descubrimientos relacionados con el culto a las montañas han probado ser aplicables también a antiguos centros ceremoniales ubicados en el llano” (Reinhard 1983).

¿De dónde vinieron los niños?

Todos los objetos que formaban parte del ajuar funerario pertenecen a la nobleza Inca, esto hace pensar que la procedencia de los niños haya sido la capital del Imperio incaico en el Perú. Cabe la posibilidad que se hayan trasladado desde su lugar de origen hacia el Cuzco para la celebración de la Capacocha y regresado para ser sacrificados en la cima del volcán, no obstante, aparentemente no existen prendas ni objetos de culturas locales que apoyen esta suposición. Por ejemplo, en la publicación de la National Geographic se puede apreciar un textil de brillantes colores, combinando el rojo, azul, verde y amarillo, en diferentes formas y figuras geométricas típicamente incaicas y que el autor del artículo se refiriera a tales motivos como la “clave Inca”, donde hay información registrada. Este unku (especie de camisa sin mangas) que se encontraba sobre el hombro de la niña mayor parece provenir, o por lo menos tener relación con los grupos de la costa peruana, ya que un textil idéntico (unku) fue hallado en la costa central del Perú y fechado entre 1500-1534 d.c., el que seguramente perteneció a algún alto dignatario del Inca. Posiblemente ese sea el lugar de origen de uno de los niños.

Todavía no se realizaron estudios ni análisis comparativos de los textiles, estatuillas, keros (vasos de madera grabada), plumas, platos pato y otros elementos del ajuar funerario, con relación a otros ajuares de montaña o piezas que se encuentran en museos.

Los estudios de ADN que se realizaron indican que entre los niños no hay relación de parentesco, representando esto un dato importante y punto de partida para el planteamiento de hipótesis de trabajo.
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http://www.antropologico.gov.ar/ninos.htm

A tres años del hallazgo de tres cuerpos momificados en Llullaillaco (Pcia. de Salta – Argentina)

Estudian las momias como a seres vivos. Por su excelente estado, les practicaron tomografías, radiografías y análisis de ADN; no presentan signos de desnutrición
• Los órganos se conservan intactos, tras cinco siglos
• En sus estómagos quedan restos de comida
• Dos de ellas tenían seis y siete años, y la mayor, 15 años y medio

Es una de las tres momias que fueron halladas en la cima del volcán salteño de Llullaillaco hace tres años. Ante los ojos atónitos de ocho científicos, la Doncella parece dormir un sueño frágil, capaz de romperse ante el menor suspiro. Pero su sueño lleva más de 500 años.
Los últimos estudios que se les practicaron en laboratorio asombraron a los científicos: los órganos están intactos.
Durante la última sesión de trabajo en el laboratorio, hace 20 días, se les realizaron radiografías odontológicas que permitieron establecer la edad que tenían los niños al momento de su sacrificio: la Doncella tenía 15 años y medio. El Niño, siete años, y la Niña del Rayo, seis.
En su estómago todavía permanecen los últimos alimentos que comió. Su piel quedó dura por acción del frío, pero la carne no está seca, sino congelada. Todo ello permitió que se les realizara todo tipo de estudios médicos, tal como si se hubieran practicado en seres vivos.

“Son las momias mejor conservadas del mundo. Esa fue la conclusión del último Congreso Internacional de Momias”, aseguró Constanza Ceruti, la arqueóloga argentina que condujo la expedición del hallazgo, en marzo de 1999, junto con el antropólogo norteamericano John Reinhard, jefe de la misión. Ceruti, becaria del Conicet, está a cargo del cuidado y la conservación de las momias.
Las tomografías computadas permitieron determinar el excelente estado de conservación de los órganos. Tras observar las placas, el doctor Carlos Privigliano advirtió que en el pulmón izquierdo de la Doncella había un atrapamiento inusual de aire. Según observó en las imágenes, la joven sufría de sinusitis y de bronquitis. “Lo increíble es que las tomografías computadas permitieron el diagnóstico como si se tratara de una adolescente viva”, dijo Ceruti.
Las momias fueron entregadas en custodia a la Universidad Católica de Salta. Permanecen en un laboratorio en el campo universitario, en las afueras de la capital provincial, a una temperatura de 13 grados bajo cero. Están envueltas dentro de un paño quirúrgico, a su vez dentro de un manto de algodón y recubiertas por plástico sellado.

Tienen colocados sensores, conectados a una computadora que monitorea que no se altere su conservación. La computadora automáticamente llama al teléfono celular del cuidador si registra algo anormal. El laboratorio está conectado a un grupo electrógeno para evitar que se descongelen, en caso de corte de luz.
Las sesiones de trabajo en el laboratorio se realizan cada cuatro o cinco meses. Todo está minuciosamente cronometrado para que las momias no sufran alteración. Es más: antes de empezar se realiza un simulacro y se ensayan las acciones para no demorar más de 15 minutos hasta que las momias vuelvan a su “freezer”.

Melenas que hablan
En la última sesión de laboratorio se hicieron estudios del cabello. Esto permitió determinar que las víctimas habían sido sometidas al consumo de hojas de coca por un prolongado tiempo durante los rituales incas previos a su sacrificio.
En el cabello de la Doncella se obtuvo uno de los registros más altos. Quiere decir que la adolescente de 15 años y medio había sido sometida desde los ocho al consumo de coca.
Esto abona la teoría de que ella tenía un status diferente del de los otros niños: era una “elegida” que desde los ocho años había sido criada en la casa de las Vírgenes del Sol. Allí las incas elegidas pasaban su vida entre los ocho y los 14 años. “Establecer su edad nos permitió saber cuánto tiempo transcurrió entre que la Doncella salió de la casa de las vírgenes, con 14 años, hasta que fue sacrificada”, aseguró Ceruti. La mayor parte de ese año y medio la pasó participando de las ceremonias previas a su propio sacrificio. Ceruti opinó que la Doncella era consciente de que iba a ser una de las ofrendas de aquella procesión. “Era una mujer en la plenitud de su desarrollo”, dijo.
Las tomografías computadas también evidenciaron que las momias tienen restos de alimentos en el estómago y materia fecal en los intestinos. Significa que comieron y bebieron hasta muy poco antes de su muerte. La creencia incaica decía que las víctimas del sacrificio habían sido felices si habían comido y bebido lo suficiente. Por el momento los investigadores decidieron no aplicar técnicas invasivas para los análisis. Por eso, hasta ahora no se han tomado muestras del contenido estomacal ni intestinal.

Otro de los datos que aportaron las radiografías odontológicas es que las víctimas tenían bastante desgastados los dientes. El dato podría indicar que el maíz había sido parte fundamental de su dieta.
En ninguna de las radiografías de las momias se hallaron registros de líneas de Harrys, las cisuras que se marcan en los huesos cuando una persona tuvo un período de mala nutrición. Los investigadores lo interpretan como un signo inequívoco de que las víctimas pertenecían a estratos sociales altos.
En 1999 se tomaron muestras de las momias para estudios de ADN y análisis microbiológico, extraídas por punción para biopsia, con aguja gruesa, de los brazos y los glúteos. El procedimiento fue realizado con el mismo instrumental que se emplea para tomar muestras en seres vivos.
“El estudio determinó que los niños no tenían parentesco entre sí por vía materna. Pero encontramos que la Doncella tenía un pariente vivo: su ADN mitocondrial presenta semejanzas con el perfil de ADN de un hombre oriundo de Cabanconde, Valle del Costa, Perú, residente en Maryland, Estados Unidos”, aseguró Ceruti.
El descubrimiento se produjo seis meses después del hallazgo de las momias. El hombre se había presentado para que se le tomaran muestras para saber si estaba emparentado con Juanita, la momia peruana.
Por Evangelina Himitian
De la Redacción de LA NACION

Finalmente, sin despliegue mediático, en septiembre de 2007 se realizó la presentación de la Doncella, el primero de los tres cuerpos a ser exhibido.

Rebaño de llamas miniatura en hoja de oro y plata

El inevitable deterioro

Existe una corriente de opinión que sostiene que cuando se remueve éste patrimonio arqueológico de sus condiciones ambientales originales, aún observando las mayores precauciones, se produce un deterioro, que, aunque mínimo, con el transcurso de los años puede ser grave, puntualizando que en 10 años de extraídos los restos se han deteriorado más que en los 500 años que estuvieron en su emplazamiento original.

Las declaraciones del anatomopatólogo Gerardo Vides Almonacid, quién está a cargo de controlar la preservación de los cuerpos de los niños, parecen confirmar éste deterioro cuando afirma que «En base a toda la investigación que se hizo, tanto en 1999 como en 2004 y en diciembre de 2008, demuestran que los cuerpos están estables. Es decir que están preservados. Lógicamente siempre existe el deterioro, cualquier persona cuando pasa el tiempo, aunque esté vivo se va deteriorando. Diez años antes tenía una situación una preservación de su físico y de su cuerpo; diez años después tiene muchas alteraciones, pero eso no significa que esté mal, significa que está bien, que los cuerpos están estabilizados». En el mismo sentido, un informe generado por el director Miguel Xamena; el responsable del diseño del sistema de criopreservación del MAAM, el ingeniero Mario Bernaski y por el propio Almonacid, reporta que «después de diez años el impacto natural por los cambios no ha sido tan grave».5

Otras críticas

No puede dejar de mencionarse la opinión de ciertos grupos de científicos no ortodoxos, que sostienen que los niños de Llullaillaco, así como otros casos como el del niño del cerro El Plomo, no estaban muertos, sino en un estado de hibernación o de vida suspendida, y murieron al ser retirados sin tomar las necesarias medidas. Es posible que ésta teoría se haya originado en que los cuerpos de las momias se encontraban tan bien preservados que daban la impresión de estar con vida, con apariencia de estar dormidos.1 El biólogo español García Beltrán hace notar, en respaldo a ésta teoría, que al ser desenterrado el niño del cerro El Plomo se encontraron a su lado figuras de oro, una de las cuales era un sapo, viendo en esto un mensaje, dado que un sapo puede vivir hasta doce años congelado en estado de «animación suspendida» y luego ser revivido.18

No parece sin embargo haber en la realización de la capac cocha ninguna intencionalidad de preservar los cuerpos de alguna manera, sino que éste fue más bien un hecho fortuito, que además se observa en un pequeño porcentaje de los casos, considerando la cantidad de víctimas estimada de éstas ceremonias (ver capac cocha). Existen otros casos en que se recuperaron muy pocos restos, como los enterratorios hallados en el labio interior del volcán Misti donde las altas temperaturas consumieron por completo tejidos blandos y textiles.12 Se supone también que muchos induviduos y sus ofrendas pueden haber sido arrojados al océano Pacífico.19

http://es.wikipedia.org/wiki/Momias_de_Llullaillaco

Salta y el sagrado santuario inca

En la ciudad de Salta, capital de la provincia de Salta, al noroeste de la Argentina, se encuentra el Museo de Arqueología de Alta Montaña, que deslumbra con las célebres momias de los “Niños del  Llullaillaco”, momificados de forma natural, por obra de las bajas temperaturas y la sequedad de la atmósfera.

No son simples objetos que se exponen en una vitrina, son seres humanos cuya exhibición puede generar difierentes tipos de sentimientos y reacciones. Por ello, hay un cartel en la sala del Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM), que dice “el visitante puede elegir si desea o no observar los cuerpos, con respeto y silencio”.

Las momias en cuestión son los de La Niña del Rayo, La Doncella y El Niño, que son, sin duda, uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años. Los “Niños del Llullaillaco” fueron encontrados en 1999, en la cima del  legendario Volcán Llullaillaco, a 6.700 m. de altura, junto a 146 objetos que componían su ajuar, un extraordinario mundo en miniatura que los acompañó en su “viaje al más allá”, hace más de 500 años.

El intenso frío de la zona hizo que la conservación de las momias fuera casi perfecta, y que hoy sean la atracción central del MAAM, el museo arqueológico más moderno del país. Sus tumbas, son las más altas que el hombre jamás haya construido en el planeta. En tiempos de catástrofe los incas elegían las cumbres más elevadas de los Andes para apaciguar la ira de los dioses por medio de la chapacocha o sacrificio de niños-emisarios.

El hallazgo de estas momias, las mejor conservadas del mundo entero, fue todo un desafío para el equipo formado por 14 profesionales, seis argentinos, seis peruanos y dos norteamericanos, que contó con la colaboración del ejército argentino. La aventura se relata en un muy buen audivisual exhibido en el museo, y que resulta una indispensable introducción a lo visto más adelante.

La exposición permanente del MAAM permite adentrarse en la historia de los incas y entender la importancia de la naturaleza para las culturas precolombinas y el especial valor que tenían las montañas para ellos, considerádolas dioses que protegían a las comunidades. En las cimas, los incas construyeron pequeños edificios para sus rituales religiosos.

Los tres cadáveres corresponden a una joven de cerca de 15 años, a un chico de entre 7 y 12 años, y a una niña de cerca de 6 años, que luego de morir fue alcanzada por un rayo. Se sabe por su ADN que no eran hermanos, pero se cree que la mayor fue sacrificada junto a los otros dos como cuidadora. Se la conoce como La Doncella.

En las tomografías craneanas no aparecen huellas de instrumentos contundentes o cortantes. Lo que sí se halló fueron altos niveles de coca y de chicha (una bebida alcohólica) en los tejidos y en los cabellos de los tres individuos. En base a esos residuos, los investigadores del MAAM presumen que los sacerdotes suministraron a los niños una especie de narcótico. Ellos se durmieron y la hipotermia hizo lo demás. Para los incas, los niños no morían, sino se reunían con sus antepasados.

Estos niños fueron entregados a los dioses en uno de los rituales más importante del calendario inca, la Capacocha, que se puede traducir como “obligación real”. Estos niños recorrieron 1.600 km. desde Cuzco, vestidos con su mejor ropa. Para acompañarlos se encontró un ajuar con sandalias de cuero y lana, vasijas, estatuillas  de antroformas con cuerpos de oro y plata y tocados de plumas.

La Doncella, está sentada con las pernas cruzadas y un vestido marrón claro. Fue encontrada con un tocado de lana y plumas blacas que se exhibe junto a una estatuilla de plata. Su cabello está peinado con peuqeñas trenzas y su rostro, pimntado con pigmento rojo.

El “Niño” está atado y sentado con la cara sobre sus rodillas, y la “Niña del Rayo” sentada, con el rostro en alto, y parte del cuerpo quemado por un rayo que la alcanzó después de enterrada. Las momias están en cápsulas crioconservadoras a 20º bajo cero. Para su preservación , se muestran de a uno por vez y rotan cada cuatro meses.

http://visitandoelmundo.org/salta-y-el-sagrado-santuario-inca/

http://www.culturademontania.com.ar/Arqueologia/ARQ_ninos_llullaillaco_salta_072011.htm

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