Primer mono iraní en el espacio

Irán lanzó al espacio un cohete con un mono a bordo, según informó este lunes el organismo espacial iraní a través de la agencia oficial IRNA.

La fuentes indicaron que el cohete, tras cumplir las etapas previstas y alcanzar la velocidad, aceleración y la altura deseada, regresó de nuevo a la tierra con el mono indemne.

Según la agencia oficial, el cohete, denominado “Pishgam”, alcanzó una altura de 120 kilómetros y su lanzamiento supuso “un éxito”, ya que se envío a un ser vivo con una fisiología parecida a la del ser humano y sobrevivió al experimento.

El proyecto incluyó el conjunto del motor del cohete, la plataforma de lanzamiento y las estaciones terrestres instaladas para establecer comunicación, además del “cargamento” del proyectil, en este caso, un mono.

Previamente, el director del programa espacial iraní, Hamid Fazeli, había anunciado que su país tenía previsto lanzar al espacio un cohete con un simio a bordo durante la conmemoración del 34 aniversario del triunfo de la revolución islámica, que se celebra entre el 1 y el 11 de febrero.

En declaraciones difundidas por la agencia local de noticias iraní Mehr, el responsable explicó que el lanzamiento se enmarca en un ambicioso proyecto nacional que tiene como objetivo “poner en órbita a un hombre en un periodo que puede oscilar entre los cinco y los ocho años”.

“Con el lanzamiento de esta cápsula, los preparativos del proyecto de enviar un ser humano al espacio tomarán forma inmediata”, afirmó.

El programa espacial iraní es visto con recelo por los países occidentales debido a que algunas de las aplicaciones para el lanzamiento de satélites sirven también para mejorar el sistema de los misiles balísticos del país.

1961: Chimpancé vuelve con seguridad después de un vuelo espacial

Un chimpancé enviado al espacio en un cohete por los Estados Unidos se ha recuperado con vida y bien cerca de 420 millas (676 km) desde el sitio de lanzamiento en Cabo Cañaveral.

La prueba era una de las muchas previstas para asegurar que un ser humano podría sobrevivir un vuelo espacial, pensar con claridad y realizar funciones útiles fuera de la atmósfera de la Tierra.

El chimpancé, llamado Ham, fue entrenado para tirar de palancas, en respuesta a las luces parpadeantes durante el vuelo. Llevó a cabo varias operaciones de este tipo con éxito, mientras viajaba a 5,000 mph (8,000 km / h) a una altura de 155 millas (250 km) por encima de la Tierra.

Ham, el nombre de la Holloman Aerospace Medical Centre, y originario de Camerún en África, fue elegido entre seis “astrochimps” – cuatro hombres y mujeres dos – que se sometieron a un entrenamiento intensivo en Nuevo México y Cabo Cañaveral en Florida.

Los chimpancés fueron elegidos con preferencia a los perros – que los rusos han enviado al espacio en varias ocasiones -, ya que son más similares a los humanos.

Misión abortada

En 1655 GMT, la cápsula Mercury con jamón a bordo despegó. Casi de inmediato hubo un problema: la trayectoria de vuelo fue un grado más alto de lo que debería haber sido, y sigue aumentando.

Mientras que las computadoras reportó una caída en el suministro de oxígeno, la misión fue abortada. Sin embargo, en parte debido al ángulo alto vuelo, había alcanzado ya 157 millas (253 kilómetros) sobre la Tierra, superior a la meta prevista de 115 millas (185 km).

Ham estaba a salvo en su traje espacial en todas partes, y no sufrieron efectos negativos de su aventura en el espacio. En total, recorrió 155 millas (250 km) en 16,5 minutos.

Durante poco más de seis minutos y medio del vuelo que experimentó la ingravidez, y sus tiempos de respuesta se informó a ser tan bueno en el espacio como lo fueron en la Tierra.

Hubo más problemas cuando aterrizó. A causa de su ascenso más pronunciado de lo esperado, la cápsula se salió de su lugar de aterrizaje en el Atlántico frente a Florida por alguna forma. Ham tenía una incómoda de tres horas de espera antes de ser encontrado.

Luego, cuando helicópteros de rescate finalmente llegaron, encontraron la cápsula en su lado y se hunde. Había aterrizado con tanta fuerza que el escudo de calor había perforado dos agujeros en la cápsula.

Ham, sin embargo, lo tomó todo con calma y cuando la nave se abrió aceptado una manzana y media naranja en la recompensa.

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