Murio Curtis Hanson a los 71 años

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Curtis Hanson, un cineasta amante ante todo de las buenas historias, se desarrollaran donde se desarrollaran y que falleció ayer martes en su casa en Hollywood Hills en Los Ángeles. La policía de la ciudad, según medios estadounidenses, recibió una llamada de emergencia médica desde la vivienda a las cinco de la tarde. Según una portavoz del departamento policial, Hanson murió por causas naturales en su domicilio.

El cineasta nació el 24 de marzo de 1945 en la ciudad de Reno (Nevada), hijo de un maestro y de una agente inmobiliaria. Estaba tan obsesionado con hacer cine que abandonó el instituto para empezar en este mundo. Empezó como editor de una revista de cine y guionista, para ir escalando hasta la dirección, en la que debutó a los 27 años con Sweet Kill. Cuando puso Cruise a protagonizar Ir a perderlo… y perderse ya tenía una experiencia acumulada como realizador de tres trabajos previos. Además en Hollywood había logrado fama como buen guionista.

A Hanson le acompañó siempre una cruel contradicción: película suya que amaban los críticos, película que fracasaba en taquilla. Solo 8 millas logró ambos beneplácitos. A L. A. Confidential le tocó lidiar con Titanic, de James Cameron. No solo en las recaudaciones, sino incluso en los Oscar. El thriller de Hanson logró nueve candidaturas a los premios de Hollywood y solo ganó los de mejor actriz secundaria para Kim Basinger y mejor guion adaptado para Hanson y Brian Helgeland. En una entrevista en The New York Times aseguró que sus cineastas favoritos eran Alfred Hitchcock y Nicholas Ray, y de ambos hay algo en L. A. Confidential, basada en la novela de James Ellroy, y que parecía una de esas obras maestras literarias casi imposibles de trasladar a la pantalla. En cambio, Hanson y Helgeland hicieron una labor excepcional en su adaptación, y en el reparto hubo grandes nombres: Kevin Spacey, Basinger, Jammes Cromwell, David Strathairn, Danny DeVito y dos actores que se presentaban en Hollywood: Russell Crowe y Guy Pearce. En una entrevista a este diario, el realizador contaba: “Me costó muchísimo financiar L. A. Confidential porque es muy diferente de las películas que se suelen rodar en Hollywood, mucho más compleja”. Logró el presupuesto adecuado para este thriller de prostitución, corrupción y violencia desatada en la ciudad de Los Ángeles en los años cincuenta gracias al éxito de sus dos trabajos precedentes, La mano que mece la cuna y Río salvaje. Ahora, en cambio, siento que todo fue una ironía, porque cuando empecé a rodar L. A. Confidential sentía como si me estuviera aprovechando del crédito previo y, para sorpresa mía, esa película funcionó mejor que las demás”.

Tanto, que la siguiente, otra maravilla titulada Jóvenes prodigiosos pasó completamente inadvertida, tal vez porque era una tragicomedia. “Billy Wilder lo adivinó. Me llamó y me dijo: ‘Lo próximo es una comedia, ¿no?’, y me aconsejó que luchara por el proyecto porque en este negocio, si tienes éxito, quieren que repitas la misma fórmula”. Y por eso saltó a hablar del hip-hop en 8 millas: a la búsqueda de algo más por amor al cine.

El Pais

 

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